Moody's subió la nota soberana de Argentina a B3, alineándose con Fitch y S&P. Qué significa para el mercado y las empresas argentinas.

Moody's se suma y ahora sí, 3/3.
Moody's Ratings mejoró la calificación crediticia de Argentina, elevando la nota de emisor a largo plazo (en moneda local y extranjera) de Caa1 a B3, equivalente a la B- que ya le habían asignado Fitch (en mayo) y S&P (en junio). Además, cambió la perspectiva de "estable" a "positiva". Con esto, las tres grandes calificadoras quedan alineadas por primera vez en más de una década. El mundo financiero coincide, ahora sí, en que la Argentina es menos riesgosa que hace un año. Eso no solo mejora la imagen del país, sino que habilita a fondos institucionales que antes tenían prohibido invertir acá, y abarata el financiamiento tanto para el Estado como para las empresas argentinas que salen a buscar plata afuera.
Según el comunicado de la propia agencia, el riesgo de incumplimiento de pagos de Argentina disminuyó de forma significativa, porque la estabilización macroeconómica superó la fase inicial de ajuste y dio lugar a una mejora más duradera de los fundamentos crediticios. Moody's puso el foco en tres pilares concretos: los superávits fiscales sostenidos, la baja de la inflación, y la continuidad de la liberalización económica.
En el frente externo, la calificadora destacó la acumulación de reservas del Banco Central —compras por más de USD 11.000 millones hasta mitad de año, sin generar presión sobre el tipo de cambio— y una mejora estructural en la generación de divisas, apoyada en mayor inversión extranjera directa, apoyo multilateral y endeudamiento del sector privado. Con esos supuestos, proyectó un crecimiento del PBI de 3,4% para 2026 y 3,5% para 2027, aunque reconoció que persisten riesgos políticos de cara a las elecciones generales de 2027.
El dato más concreto lo aportó el viceministro de Economía, José Luis Daza: al alinearse las tres calificadoras grandes en la misma nota, "miles de mandatos institucionales que exigen dos o tres agencias, o que utilizan la calificación promedio", quedan habilitados para invertir en activos argentinos por primera vez. Muchos fondos institucionales (de pensión, aseguradoras, fondos soberanos) tienen restricciones internas que les impiden invertir en un país si no cumple con un piso mínimo de calificación combinada, así que esta alineación no es solo simbólica: abre la puerta a un universo de capital que hasta ahora estaba formalmente vedado.
El otro efecto esperado es sobre las empresas: como señaló Daza, la mejora "permitirá que muchas empresas argentinas con mejor perfil crediticio puedan obtener calificaciones más altas, reduciendo su costo de financiamiento y ampliando su acceso a los mercados internacionales". El rating soberano suele funcionar como techo de la calificación corporativa: es difícil que una empresa tenga mejor nota que el país donde opera, así que subir el piso soberano destraba, en cadena, mejores condiciones de financiamiento para el sector privado.
Pese al entusiasmo oficial, el mercado no reaccionó con la euforia que podría esperarse: el riesgo país, que había llegado a un mínimo de 402 puntos básicos, repuntó por el deterioro del clima financiero global (guerra en Medio Oriente, dudas sobre la relación entre inversión y ganancias en la industria de IA), mostrando que la mejora de calificación es una condición necesaria pero no suficiente para sostener el humor del mercado.
Que tres jueces distintos coincidan en la misma sentencia no borra la incertidumbre del futuro, solo confirma que, por ahora, el relato que cuenta el país es uno que el mundo está dispuesto a creer.
Fuentes:
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