
En apenas un mes, la Argentina sumó dos mejoras de calificación crediticia de las agencias más influyentes del mundo. Después de Fitch en mayo, S&P Global Ratings elevó en junio la nota soberana de "CCC+" a "B-", sacando al país de la categoría de "riesgo sustancial" de default. ¿Qué cambió realmente en la mirada de los inversores internacionales y qué falta todavía para que la Argentina deje de ser una apuesta especulativa?
El miércoles 10 de junio de 2026, S&P Global Ratings elevó la calificación de la deuda soberana argentina de "CCC+" a "B-", con perspectiva estable. En el lenguaje de las agencias, este cambio saca a la Argentina de la zona de "riesgo sustancial" de incumplimiento y la ubica en un escalón descripto como "altamente especulativo": todavía lejos del grado de inversión, pero sensiblemente mejor que hace apenas un año. La decisión igualó a la Argentina con la nota que Fitch le había otorgado en mayo, y dejó a Moody's como la única de las tres grandes calificadoras que aún no acompañó la mejora, manteniendo al país en "Caa1".
Según el informe de la calificadora, la mejora responde a una combinación de factores: la consolidación del equilibrio fiscal, la desaceleración de la inflación, una posición de liquidez externa más sólida y una menor probabilidad de que el Gobierno deba recurrir a una reestructuración de deuda o a un canje bajo condiciones de estrés en los vencimientos de 2026 y 2027. S&P proyectó además que la economía argentina crecerá 2,7% en 2026 y en torno al 3% anual en los años siguientes, mientras la inflación bajaría del 42% de 2025 a 32% este año, con el objetivo de alcanzar niveles de un dígito hacia fines de la década.
Un capítulo aparte mereció el sector energético. La agencia destacó que el desarrollo de Vaca Muerta y la expansión de las exportaciones no convencionales podrían generar un superávit comercial energético de US$10.000 millones en 2026, muy por encima de los US$5.900 millones de 2024, consolidando a la energía como uno de los pilares centrales de la capacidad de pago del país hacia adelante.
La mejora del rating soberano no quedó ahí. S&P también elevó la calificación de ocho compañías locales, llevándolas de "B-" a "B": YPF, YPF Luz, Pampa Energía, Transportadora de Gas del Sur, Edemsa, Genneia, Aeropuertos Argentina 2000 y Telecom Argentina. Se trata de empresas con perfiles crediticios individuales lo suficientemente sólidos como para, según la calificadora, resistir un eventual escenario de estrés soberano con liquidez propia suficiente para cumplir sus obligaciones.
El mercado reaccionó rápido. Tras la decisión de S&P, el riesgo país argentino cayó a niveles de alrededor de 400-450 puntos básicos, su piso más bajo desde 2018, cuando bajo la presidencia de Mauricio Macri había tocado los 403 puntos. Con ese nivel de spread y tasas de referencia estadounidenses en torno al 4,4% a diez años, el costo financiero promedio de la Argentina ronda hoy el 8,9% en dólares, con los bonos más cortos rindiendo incluso por debajo del 7%. La consultora Delphos Investment señaló, sin embargo, que la caída del riesgo país todavía no se trasladó completamente a las acciones del Merval, lo que deja, a su criterio, un margen de recorrido alcista pendiente en el equity local.
Pese al optimismo, la nueva calificación sigue estando seis escalones por debajo del grado de inversión, la categoría reservada para las economías consideradas de bajo riesgo. S&P fue clara al advertir que, en los próximos 12 a 18 meses, "probablemente habrá tensiones" que podrían poner a prueba la estabilidad económica, con la vista puesta en el ciclo electoral de 2027. Entre los desafíos concretos aparecen los vencimientos de deuda en moneda extranjera: la Argentina debe afrontar unos US$32.000 millones entre 2026 y 2027, de los cuales cerca de US$19.300 millones corresponden a deuda de mercado y repos con bancos internacionales.
Más allá del número en sí, la mejora de calificación tiene un efecto práctico concreto: amplía gradualmente la base de inversores institucionales habilitados para comprar deuda argentina, muchos de los cuales tienen restricciones internas para invertir en países con calificaciones más bajas. También reduce el costo de financiamiento tanto para el Estado como para las empresas privadas que buscan emitir deuda en el exterior. En ese sentido, el mercado ya empezó a debatir si la Argentina podría volver a emitir deuda en los mercados voluntarios internacionales antes de que termine 2027, algo que no ocurre desde hace varios años.
Implica que la deuda argentina dejó la categoría de "riesgo sustancial" de incumplimiento y pasó a ser considerada "altamente especulativa", un nivel de riesgo menor, aunque todavía lejos del grado de inversión.
Fitch lo hizo en mayo y S&P Global Ratings en junio, ambas ubicando al país en "B-" con perspectiva estable. Moody's, en cambio, mantiene la calificación en "Caa1".
El riesgo país cayó a niveles de entre 400 y 450 puntos básicos, su nivel más bajo desde 2018.
YPF, YPF Luz, Pampa Energía, Transportadora de Gas del Sur, Edemsa, Genneia, Aeropuertos Argentina 2000 y Telecom Argentina pasaron de "B-" a "B".
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