
Los rendimientos de los bonos del Tesoro de Estados Unidos treparon a niveles que no se veían desde antes de la crisis financiera de 2008, pero, contra lo que suele suceder en estos casos, los grandes compradores todavía no salieron a aprovechar esas tasas. Un informe de Bank of America, con un título elocuente —"Dip buyers wanted" ("Se buscan compradores de las caídas")—, advierte que esa ausencia de demanda podría seguir empujando las tasas hacia arriba.
El punto central del informe: los rendimientos más elevados de los bonos del Tesoro todavía no consiguieron atraer una base significativa de compradores.
Los bancos comerciales volvieron a desprenderse de Treasuries, después de haber comprado durante julio, cuando los rendimientos eran considerablemente más bajos.
Los fondos especializados en deuda pública de largo plazo registraron salidas de capital, y los fondos respaldados por hipotecas mostraron algunos de sus flujos más débiles.
Los CTA (Commodity Trading Advisors), un tipo de fondo que sigue tendencias de mercado, mantienen posiciones cortas en bonos del Tesoro y largas en dólares, una apuesta a que la venta de deuda va a continuar.
Hubo compras de inversores privados japoneses y de cuentas oficiales extranjeras, pero en un volumen todavía moderado frente a la presión vendedora general.
Mientras no aparezca una base más amplia de compradores, BofA sostiene que el posicionamiento y los flujos actuales son compatibles con nuevas subas de los rendimientos.
Por eso, el banco mantiene una preferencia por posiciones de menor duración y posiciones cortas en las tasas a dos años.
La lógica tradicional de cualquier mercado de bonos indica que, cuando los rendimientos suben lo suficiente, en algún punto se vuelven lo bastante atractivos como para que aparezcan compradores dispuestos a aprovechar esa tasa más alta —lo que, a su vez, frena la caída de precios y estabiliza el mercado—. Es precisamente esa reacción la que, según Bank of America, todavía no se está dando con la fuerza necesaria en el mercado de deuda estadounidense.
El nombre que el banco le puso a su informe resume bien el diagnóstico: "Dip buyers wanted", algo así como "se buscan compradores de las caídas" —una frase que funciona casi como un aviso clasificado dirigido al propio mercado—. La entidad remarca que, hasta que un grupo más amplio de inversores esté dispuesto a aumentar su exposición a los bonos del Tesoro en los niveles de rendimiento actuales, el posicionamiento predominante en el mercado seguirá siendo compatible con subas adicionales de las tasas, en lugar de una estabilización.
El informe identifica varios actores concretos detrás de la presión vendedora. En primer lugar, los bancos comerciales: estas entidades habían comprado Treasuries durante julio, cuando los rendimientos se ubicaban en niveles considerablemente más bajos que los actuales, pero volvieron a desprenderse de esos bonos en las últimas semanas, en lo que puede leerse como una toma de ganancias o un reposicionamiento defensivo frente a la suba de tasas.
En paralelo, los fondos especializados en deuda pública de largo plazo registraron salidas de capital, mientras que los fondos respaldados por hipotecas —instrumentos cuyo rendimiento está directamente vinculado a las tasas de largo plazo— mostraron algunos de sus flujos más débiles del año. A esto se suma el comportamiento de los CTA, fondos que basan sus decisiones en el seguimiento sistemático de tendencias de mercado: estos operadores mantienen posiciones cortas en bonos del Tesoro (apostando a que su precio siga cayendo) y posiciones largas en dólares, una combinación que refleja expectativas de que la venta de deuda todavía tiene recorrido.
La única señal de demanda que el informe destaca como parcialmente alentadora proviene del exterior: hubo compras de inversores privados japoneses y de cuentas oficiales extranjeras. Sin embargo, el propio Bank of America aclara que ese volumen todavía resulta moderado frente a la magnitud de la presión vendedora que enfrenta el mercado en su conjunto, por lo que no alcanza, por ahora, para revertir la dinámica general.
Este informe se conoce en un momento particular para el mercado de renta fija global. El rendimiento del bono del Tesoro a 10 años llegó a tocar un máximo de 5,13% —el nivel más alto desde 2007—, y algunos relevamientos incluso hablan de una venta masiva de deuda que empujó ese rendimiento hasta 5,25% en las sesiones más recientes. A esa presión de fondo se suma un dato adicional que complica todavía más el panorama: distintos indicadores económicos de Estados Unidos conocidos esta semana podrían reforzar las expectativas de una nueva suba de tasas por parte de la Reserva Federal en su reunión de octubre, lo que añadiría un factor más de presión sobre los rendimientos de la deuda soberana.
El propio mercado inmobiliario estadounidense empieza a mostrar el costo concreto de este fenómeno: las tasas hipotecarias alcanzaron su nivel más alto en más de dos años, y distribuidores de distintos sectores ya reportan una reducción de inventarios ante el mayor costo de financiamiento. Es la contracara, en la economía real, de lo que hasta ahora parecía una discusión exclusivamente financiera.
La deuda del Tesoro de Estados Unidos funciona como la referencia global de "tasa libre de riesgo": cuando su rendimiento sube y, además, no hay compradores dispuestos a convalidar esos niveles, el efecto se derrama sobre el resto del mundo, y de manera más marcada sobre los mercados emergentes. Es exactamente el mecanismo que ya viene golpeando a la Argentina en las últimas semanas: el riesgo país argentino, medido por JP Morgan, tocó los 640 puntos básicos —su nivel más alto en seis meses— en la misma rueda en que los bonos soberanos en dólares (Bonares y Globales) cayeron en promedio 0,6% y el Merval se desplomó hasta 8% en su cotización en Wall Street.
Como resumió un análisis de mercado citado por Infobae sobre esa misma jornada, "las tasas largas de EE.UU. se mantuvieron en máximos, pero el castigo sobre la deuda argentina fue mucho más allá del contexto global", lo que sugiere que, además del efecto derrame internacional, el mercado sigue exigiéndole a la Argentina una prima adicional por sus propios riesgos específicos —la debilidad de la actividad económica, el menor ritmo de acumulación de reservas y la incertidumbre de cara a las elecciones de 2027—.
El propio informe de Bank of America deja una conclusión que aplica tanto para Estados Unidos como, por efecto derrame, para mercados como el argentino: los rendimientos ya son más altos que hace apenas unos meses, pero todavía no alcanzaron el nivel en el que una masa crítica de inversores esté dispuesta a "comprar la caída". Hasta que eso ocurra, el mercado global de renta fija —y con él, el costo de financiamiento de cualquier país que dependa de él, la Argentina incluida— seguirá operando bajo presión.
¿Qué significa "Dip buyers wanted", el título del informe de Bank of America? Es una frase que podría traducirse como "se buscan compradores de las caídas", y resume la advertencia central del banco: pese a que los rendimientos de los bonos del Tesoro subieron considerablemente, todavía no apareció una base suficiente de inversores dispuestos a comprar en esos niveles.
¿Quiénes están vendiendo bonos del Tesoro de EE.UU. actualmente? Según Bank of America, los bancos comerciales volvieron a desprenderse de Treasuries, los fondos de deuda pública de largo plazo registraron salidas de capital y los fondos CTA mantienen posiciones cortas en bonos y largas en dólares.
¿Cómo afecta esto a la Argentina? Cuando sube el rendimiento de la deuda estadounidense —considerada la referencia global de "tasa libre de riesgo"— sin que aparezcan compradores que estabilicen el mercado, el financiamiento se encarece para todo el mundo emergente, lo que contribuye a elevar el riesgo país de economías como la argentina.
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