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Los bonos de EE.UU. rinden como en 2007 y el mundo emergente —Argentina incluida— empieza a sentirlo

Jeronimo Ducca27 de septiembre de 2026 · 7 min de lectura
  • Resumen: lo que hay que entender
  • Un mecanismo que llevaba décadas funcionando distinto
  • No es (solo) la Fed: un cambio de régimen más profundo
  • El efecto dominó sobre los mercados emergentes
  • Por qué el impacto no es igual para todos los países emergentes
  • Qué mirar de acá en adelante
  • Preguntas frecuentes
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El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 10 años tocó el 5,1% anual, un nivel que no se veía desde antes de la crisis financiera de 2008. Detrás de la suba no hay solo una historia de tasas de la Reserva Federal: hay una pelea inédita por el ahorro mundial, con un protagonista nuevo —la inteligencia artificial— que compite de igual a igual con la deuda soberana norteamericana. Argentina, con un riesgo país que ya superó los 600 puntos, está entre los mercados que más está sintiendo el sacudón.

Resumen: lo que hay que entender

  • El rendimiento del Treasury estadounidense a 10 años llegó a 5,13% intradiario, su nivel más alto desde 2007.

  • El bono a 2 años, más sensible a las decisiones de la Fed, tocó 4,36%, un máximo desde comienzos de 2025.

  • Según un informe del bróker Quinto, la suba no responde principalmente a mayores expectativas de inflación, sino a una mayor prima que exigen los inversores por inmovilizar capital a largo plazo.

  • La tasa real forward "10y10y" —una referencia técnica que mide el rendimiento real esperado a 10 años dentro de una década— pasó de 1,5% a comienzos de 2023 a casi 3,5% en 2026.

  • El boom de infraestructura de inteligencia artificial, con un negocio estimado en US$138.000 millones, se convirtió en un competidor directo por el ahorro global que antes iba casi automáticamente a deuda soberana.

  • La deuda pública de EE.UU. superó los US$40 billones en agosto de 2026.

  • El riesgo país argentino, en ese contexto, volvió a superar los 600 puntos básicos, su nivel más alto en varios meses.

Un mecanismo que llevaba décadas funcionando distinto

Durante gran parte de la historia financiera reciente, los bonos del Tesoro de Estados Unidos funcionaron como el refugio por excelencia: cuando las acciones caían, la deuda soberana estadounidense solía subir de precio (y bajar su rendimiento), amortiguando las pérdidas de cualquier cartera diversificada. Ese mecanismo, según coinciden varios análisis de mercado, empezó a resquebrajarse durante 2026. Las tasas reales de los Treasuries —es decir, descontando la inflación— alcanzaron máximos de casi dos décadas, mientras que los grandes compradores tradicionales de esta deuda redujeron su participación relativa.

A eso se sumó un competidor que hasta hace pocos años no existía en esta escala: el boom de infraestructura de inteligencia artificial, un negocio que ya mueve unos US$138.000 millones y que absorbe una porción creciente del ahorro mundial que antes se destinaba, casi por default, a financiar al Tesoro estadounidense. Cuando el capital tiene alternativas de inversión más atractivas —o percibidas como tales— que la deuda soberana, el Tesoro necesita ofrecer un rendimiento mayor para seguir atrayendo compradores, y eso es, en esencia, lo que está empujando las tasas hacia arriba.

No es (solo) la Fed: un cambio de régimen más profundo

Un informe del bróker local Quinto planteó una interpretación que va más allá de la política monetaria de corto plazo: según su análisis, el mercado atraviesa un "cambio de régimen" en el que la suba de los rendimientos soberanos no respondería principalmente a mayores expectativas de inflación —como podría pensarse en primera instancia—, sino a la compensación adicional que ahora exigen los inversores para inmovilizar su capital durante períodos prolongados.

El dato que más respalda esa lectura es técnico pero elocuente: la tasa real forward "10y10y" —una medición que busca aislar el rendimiento real esperado para un bono a diez años dentro de una década, excluyendo tanto la inflación esperada como la prima por riesgo inflacionario— pasó de 1,5% a comienzos de 2023 a casi 3,5% en 2026. Como esa medición excluye específicamente el componente inflacionario, su suba refleja otra cosa: una tasa neutral real más elevada y, sobre todo, una mayor prima que el mercado exige por asumir duration (es decir, por comprometer capital a largo plazo). El movimiento, además, se dio de manera sincronizada entre los países del G7, lo que refuerza la idea de que no se trata de un fenómeno exclusivamente estadounidense, sino de una transformación más amplia en cómo el mercado global valora el dinero a largo plazo.

A esto se suma un factor más tradicional: la probabilidad de una suba adicional de tasas de la Fed en la reunión de septiembre pasó de aproximadamente un tercio a más del 60% en pocas semanas, lo que llevó la tasa real a dos años hasta 1,92% tras un salto de 77 puntos básicos.

El efecto dominó sobre los mercados emergentes

El mecanismo por el que esto golpea a países como la Argentina es, en el fondo, bastante directo. Cuando el activo considerado "libre de riesgo" en el mundo —la deuda del Tesoro estadounidense— empieza a rendir más, los inversores globales tienen menos incentivos para asumir el riesgo adicional que implica comprar deuda de países emergentes. Como explicó un analista de mercado citado por El Cronista: "Al subir el rendimiento real de la tasa libre de riesgo, los inversores se vuelven más conservadores, priorizan esos activos y bajan exposición a riesgos más altos. Cuando eso pasa, la deuda emergente pierde por dos motivos: primero por una tasa base mayor y luego por un diferencial de premio que tiene que pagar para atraer interés". La consecuencia, en la práctica, es que sube tanto la tasa base como el riesgo país de cada economía emergente en particular, en un efecto que se retroalimenta.

En el caso puntual de la Argentina, el rendimiento del bono a 10 años estadounidense trepó más de 16 puntos básicos en una sola rueda hasta el 5,11% —con un máximo intradiario de 5,13%—, el nivel más alto desde 2007. En simultáneo, el riesgo país argentino, medido por JP Morgan, volvió a superar los 600 puntos básicos, algo que no ocurría desde marzo. Un informe de la consultora PxQ fue explícito sobre una de las consecuencias más concretas de este combo: "El aumento del rendimiento de los Bonares en el mercado secundario dificulta la capacidad de colocar US$5.000 millones por esta vía", en referencia a una de las patas del programa financiero 2027 del Gobierno argentino, que contaba con el mercado local de deuda en dólares como fuente de financiamiento.

Por qué el impacto no es igual para todos los países emergentes

Un matiz importante que remarcan los analistas es que el efecto de la suba de tasas estadounidenses sobre cada país emergente depende, en gran medida, de las condiciones propias de cada economía. "El impacto sobre la deuda argentina depende también del motivo detrás de la suba de las tasas estadounidenses. Si el incremento responde a una economía de EE.UU. más fuerte, el efecto negativo suele ser más acotado, ya que un mayor crecimiento global también favorece a los activos de riesgo", señaló un análisis de El Cronista.

En ese sentido, algunos mercados emergentes lograron sortear mejor el embate reciente que la Argentina, lo que llevó a varios analistas a remarcar que "los activos argentinos no dependen únicamente de lo que sucede en el mundo: también influyen los riesgos propios del país" —en referencia a la debilidad de la actividad económica local, el menor ritmo de compra de reservas del Banco Central y la incertidumbre asociada al calendario electoral de 2027—.

Qué mirar de acá en adelante

Para lo que resta de 2026, el consenso de mercado no anticipa una reversión rápida de esta dinámica. La mediana de expectativas sobre la tasa de referencia de la Fed para fin de 2026 pasó de 3,8% en junio a 4,1% en las proyecciones más recientes, lo que sugiere que el mercado empieza a incorporar al menos una suba adicional antes de fin de año. Para 2027, la mediana saltó de 3,6% a 4,1%, una señal, según los propios analistas, de que el comité de la Fed no ve esto como un ajuste puntual, sino como un sendero de tasas más alto y sostenido en el tiempo. Mientras esa tendencia se mantenga, el financiamiento internacional seguirá siendo más caro y más exigente para toda la deuda emergente, la Argentina incluida.

Preguntas frecuentes

¿A cuánto llegó el rendimiento del bono del Tesoro de EE.UU. a 10 años? Tocó un máximo intradiario de 5,13% anual, su nivel más alto desde 2007, antes de la crisis financiera global.

¿Por qué suben los rendimientos de los bonos de Estados Unidos en 2026? Según los analistas, no se trata principalmente de mayores expectativas de inflación, sino de una mayor prima que exigen los inversores por inmovilizar capital a largo plazo, en un contexto de menor demanda relativa de deuda soberana y una fuerte competencia por el ahorro global que representa el boom de inversión en inteligencia artificial.

¿Cómo afecta la suba de tasas de EE.UU. al riesgo país argentino? Cuando sube el rendimiento del activo considerado "libre de riesgo" a nivel global, los inversores exigen un retorno mayor para mantener posiciones en deuda de países emergentes, lo que encarece el financiamiento y tiende a elevar el riesgo país de economías como la Argentina, incluso sin que cambien sus propios fundamentos.

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