Valentín e Iván tienen 23 años. Se recibieron de ingenieros en febrero, renunciaron en abril y en agosto Lisa era la app de noticias más descargada de la Argentina.

Todos los días, a las ocho de la mañana, a Valentín Virasoro le llegaba un audio de cinco minutos.
No se lo mandaba a él solo. Iba a un grupo de la empresa donde trabajaba, y lo mandaba Ignacio Portela, uno de los directores: cinco, a veces ocho minutos contando qué estaba pasando en la economía argentina y qué se esperaba para la semana siguiente. Importaciones, tipo de cambio, qué industrias estaban más golpeadas y cómo se estaban rearmando.
Valentín tenía 22 años y trabajaba como analista comercial en Autocity, una concesionaria de autos de Córdoba. El gerente comercial lo había sumado a ese grupo estratégico por su proyección dentro de la empresa.
Escuchaba el audio a las ocho. A las ocho y media entraba a trabajar.
Media hora, en el camino. Eso era todo.
Hay una escena que explica mejor que cualquier otra qué le daba ese audio.
Valentín estaba rindiendo un final de Economía en la facultad. Le tocó explicar la teoría de un mercado de competencia perfecta. Y en vez de quedarse en el modelo, empezó a contar lo que estaba pasando de verdad, en ese preciso momento, con las industrias reales y con las políticas del gobierno.
El profesor lo felicitó.
Nada de eso lo había leído en un apunte. Lo había escuchado yendo al trabajo.
“Sentía una muy fuerte superioridad informativa”, resume él hoy.
Es una frase incómoda y honesta al mismo tiempo. Durante casi un año, ese pibe de veintidós años tuvo una ventaja concreta sobre el resto de su entorno. No por más inteligente ni por más estudioso: porque alguien le mandaba un audio.
En noviembre, Valentín renunció a la concesionaria. Se fue a una empresa que desarrollaba agentes de inteligencia artificial para cobranzas, ventas y atención al cliente. Entró como prompt engineer y después sumó el rol de analista de operaciones.
Dejó atrás la concesionaria, el grupo estratégico y los audios de las ocho.
Y durante un tiempo no le pareció que hubiera perdido nada.
Hasta que llegó un domingo.
Estaba almorzando con amigos de sus padres y no entendía de qué estaban hablando. No estaba enterado de nada de lo que estaba pasando. La conversación seguía y él no tenía cómo entrar.
“Me di cuenta de que se me había generado un hábito y una necesidad.”
Es un detalle chico y es, en realidad, el origen de todo. La idea de Lisa no apareció mientras Valentín tenía la ventaja. Apareció el día en que descubrió que la había perdido.
Casi todas las historias de emprendedores se cuentan como una iluminación: alguien ve algo que los demás no ven. Esta empezó al revés, con una carencia. Con alguien sentado en una mesa sin poder seguir una charla.
Había otra cosa dándole vueltas por la cabeza, y venía del trabajo nuevo.
En el trabajo, Valentín estaba manipulando todos los días la tecnología más avanzada que existe. Y la estaban usando para cobrar deudas, vender y atender reclamos.
Ahí apareció la pregunta que originó el proyecto: si esta tecnología ya funciona para avisarle a alguien que le van a embargar el auto, ¿por qué no usarla para algo que le sume?
Ese mismo domingo agarró el teléfono y llamó a Iván Schahovskoy.
Acá hay algo que no se ve venir.
Valentín e Iván no eran amigos. Habían estudiado Ingeniería Industrial juntos en la Universidad Católica de Córdoba, desde 2021, en una facultad chica con pocos alumnos. Eran del mismo grupo. Pero nunca habían hecho un trabajo práctico juntos.

Lo que los unía eran las conversaciones. Hablar de esfuerzo, de hacer más sacrificios que el resto, de querer algo distinto.
Cuando Valentín le contó la idea por teléfono, a Iván le fascinó. Dice que pensó que era el futuro: que ahí había un dolor real y que se le podía aportar valor a la gente.
Salieron a buscar si existía algo parecido —una aplicación que informara a demanda, sobre lo que a cada uno le interesa, en el momento y con la extensión que cada uno quisiera— y no encontraron ningún competidor directo.
Hoy la división es clara: Valentín es el CEO, empuja y crea. Iván es el CFO, ordena y hace que todo sea escalable. “Nos complementamos muy bien”, dicen.
Lisa es una aplicación de noticias personalizadas en audio.
Cada persona elige entre doce categorías —de política y economía a deportes, tecnología o campo— y le asigna a cada una un peso del 0 al 4 según cuánto le interesa. Con eso, Lisa lee todos los días lo que publicaron los medios más importantes del país y del exterior, cruza cómo cubrió cada uno el mismo hecho, y arma un resumen en audio distinto para cada usuario, de unos diez minutos, pensado para escuchar mientras se hace otra cosa.

Procesa más de dos mil notas por día.
Y hay una decisión que ordena todo el producto: Lisa no es un medio y no produce noticias propias. Nunca reproduce una nota completa. Cuenta en un resumen breve qué publicó cada medio, lo nombra y abre la puerta a su artículo original a un toque.
“No somos un medio y no queremos competir con los medios. Queremos que esta tecnología juegue a favor de la industria y no en contra: nosotros llevamos al lector hasta la nota, y la nota es de ellos.”
Iván Schahovskoy
Los fundadores lo explican con una metáfora futbolera: Lisa está pensada como un número cinco. Distribuye, pero nunca se queda con la pelota.

A la empresa le pusieron el nombre de una computadora que fracasó.
Lisa fue el proyecto de Steve Jobs que no funcionó. Ellos lo tomaron de la película sobre su vida y lo eligieron igual: en honor a esa computadora y a lo que Jobs los inspiró.
Es una elección rara y dice bastante sobre cómo piensan. Nadie llama a su empresa como un fracaso célebre salvo que le importe más el intento que el resultado.
Se recibieron de ingenieros en febrero de 2026. En abril renunciaron los dos, casi al mismo tiempo, y se dedicaron a Lisa a tiempo completo. “Dejamos absolutamente todo, sin guardarnos nada”, cuentan. Sus familias los apoyaron desde el primer día.
Después vino el desarrollo, y ahí aparece el dato más interesante del proceso.
Antes de lanzar, le dieron la aplicación a probar a doscientas personas: familiares y conocidos. De esa beta cerrada salieron treinta versiones internas.
200
personas probaron la beta cerrada
30
versiones internas hasta el lanzamiento
90
días entre la primera línea de código y el lanzamiento
Lo que más veces tuvieron que tirar a la basura fue el diseño. Lo que más les pidieron: mejorar la personalización, la voz, el contenido visual y la velocidad.
Estuvieron a punto de saltarse la beta y lanzar directo. Decidieron esperar dos semanas más y arreglar todo lo que les habían marcado.
“Nos enamoramos de la necesidad, no de la solución. Por eso Lisa fue cambiando de forma muchas veces: cada vez que entendíamos mejor el problema, cambiaba el producto.”
Iván Schahovskoy
Entre la primera línea de código y el lanzamiento pasaron exactamente noventa días.
Lisa se publicó el 22 de agosto de 2026.
En sus primeros días escaló del quinto al segundo puesto de la categoría Noticias de la App Store Argentina —detrás de X y por delante de Reddit, Substack y Google Noticias—, llegó al primer puesto de esa categoría y también al primero de Periodismo y Revistas, y entró en el top 100 de las aplicaciones más descargadas del país.
Sin un peso de publicidad.
Todo arrancó con el tuit de un conocido contando que usaba Lisa y que se enteraba de cosas que le interesaban. De ahí en más fue boca a boca.
Casi se les cae el servidor: la autenticación colapsó con los picos de descargas.
Y después está lo que pasó del otro lado de la pantalla. El primer mensaje que les llegó de alguien que no conocían decía una sola cosa: que había esperado esto toda su vida.
Lo más raro de todo es que ellos no lo vieron pasar.
Estaban haciendo mejoras. La presión del proyecto era tanta que ni siquiera dimensionaron esos primeros puestos en el momento.
Valentín cuenta que recién lo entendió un mes después, en vivo, cuando lo entrevistaron en televisión al mediodía y tuvo que decirlo en voz alta.
Es una imagen que describe bien a estos dos: tan metidos adentro del problema que no levantaron la cabeza para mirar lo que habían hecho.
Tres meses después del lanzamiento, Lisa tiene datos propios sobre cómo se informa la gente. Y algunos son contraintuitivos.
8,8 min
de escucha promedio por usuario por día, sobre un informativo de diez a doce
20%
del tiempo total se lo lleva Economía, la categoría más escuchada
0,6%
se lleva Moda, en el otro extremo
La escucha promedio es de 8,8 minutos por usuario por día, sobre un informativo que dura entre diez y doce. Es decir: la gran mayoría lo termina.
Economía es la categoría más escuchada, con casi el 20% del tiempo total. Pero lo más interesante es la brecha entre lo que la gente dice que le interesa y lo que efectivamente escucha: en Economía, la escucha real supera en un 40% al interés declarado. En Política, en un 26%. Moda, en cambio, se lleva apenas el 0,6% del tiempo.
Y hay un uso que no esperaban. Mucha gente le pide al asistente noticias de su propia ciudad: Chascomús, Rafaela, Frías, San Francisco. Localidades que no tienen un lugar propio en ninguna portada nacional.
Ese dato conecta con el argumento que los fundadores les hacen a los medios del interior. Como el contenido se ordena por los intereses de cada persona y no por una portada única, un medio chico no compite contra los grandes portales por el mismo lugar en la misma pantalla.
“Un medio de Formosa no tiene que ganarle a Infobae por el mismo lugar en la misma portada. Le habla a quien le interesa ese lugar.”
Valentín Virasoro
Hoy Lisa lee alrededor de ochenta medios, todos de acceso público. Cinco se sumaron por iniciativa propia desde el lanzamiento. El equipo es de siete personas —cinco ingenieros y dos advisors que además fueron los inversores ángeles del proyecto— y está repartido entre Córdoba, Buenos Aires, el norte del país, Chaco y Formosa. Ya tienen usuarios en Uruguay, México, Perú, Chile, España, Canadá e Italia.
La visión de largo plazo que persiguen es ambiciosa: un modelo parecido al de Spotify, pero aplicado a las noticias. Un entorno donde los medios distribuyan su contenido de forma personalizada y cobren por eso, mediante publicidad segmentada dentro de la aplicación.
El argumento de fondo es que el modelo de los medios se construyó sobre los clics, y el mundo de los agentes de inteligencia artificial ya no los favorece.
Mientras tanto, la prioridad declarada es una sola: mejorar el producto. Que la gente la use y diga qué le falta.
Vale la pena volver al principio.
Ese audio de cinco minutos lo escuchaban veinticinco personas. Valentín era una de ellas. No lo pidió, no lo diseñó, no hizo nada especial para recibirlo.
Lo único que hizo distinto fue darse cuenta de lo que ese audio le estaba dando. Y después, cuando dejó de llegarle, darse cuenta de lo que le faltaba.
La oportunidad no estaba escondida en ningún lado. Estaba pasando todas las mañanas a las ocho.
“Queremos que tengas a los periodistas en tu bolsillo.”
Valentín Virasoro, cofundador de Lisa
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