
Alejandro Bezdjian, Tomás Marconi y Jesús De Gruttola fundaron Xtract sin capital propio y sin levantar una sola ronda de inversión. Durante casi un año mantuvieron dos trabajos en paralelo: a las seis de la tarde terminaban su jornada formal y encendían otra computadora para construir su empresa.
Hoy, aquella startup argentina procesa alrededor de un millón de facturas por mes para más de 300 empresas en más de 25 países. Entre sus clientes aparecen compañías como Nike, Deloitte y Arcos Dorados. Después de crecer durante años únicamente con los ingresos generados por sus propios clientes, la empresa decidió salir a buscar su primera inversión.
La ronda proyectada es una pre Serie A de US$ 2,5 millones, destinada a acelerar la expansión internacional y escalar la operación.
Pero antes de llegar a ese punto hubo algo mucho menos glamoroso que una ronda de inversión: un año entero de dobles jornadas, sábados de reuniones estratégicas y domingos a la noche enviando reportes manuales a cada cliente.

Marzo de 2020. El mundo estaba a punto de entrar en una pandemia y, esa misma semana, Alejandro Bezdjian recibió una oferta laboral para irse a trabajar a Suecia.
La decisión sobre qué hacer con el proyecto que estaba naciendo se resolvió rápido.
Hubo dos llamadas telefónicas de apenas tres minutos cada una.
Seis minutos alcanzaron para que los tres socios definieran el futuro de la empresa.
Las decisiones que cambian una compañía casi nunca son largas. Muchas veces son cortas, incómodas y se toman con información incompleta.
Así comenzó el camino de Xtract, una empresa de tecnología especializada en automatizar el procesamiento de facturas y comprobantes para compañías de distintos tamaños e industrias.
Antes de procesar alrededor de un millón de comprobantes mensuales, Xtract tuvo una primera versión que no funcionó.
Los fundadores contrataron a un desarrollador freelance para construir el producto inicial. Esperaron cerca de seis meses.
El resultado no era el esperado.
Entonces Alejandro Bezdjian decidió involucrarse personalmente en el desarrollo. Según cuentan desde la empresa, logró rehacer en menos de una semana lo que no se había conseguido construir durante medio año.
La experiencia terminó siendo una de las primeras lecciones de los fundadores.
A veces el problema no está en la idea. Está en quién y cómo la está construyendo.
Con el producto finalmente encaminado, llegó el siguiente desafío: hacer crecer la empresa sin capital propio y sin financiamiento externo.
Durante los primeros meses, los tres socios mantuvieron sus empleos formales mientras desarrollaban Xtract.
La jornada de la startup comenzaba cuando terminaba la otra.
“Durante casi un año, con Jesús tuvimos dos trabajos a la vez: a las seis de la tarde apagábamos la computadora de nuestros empleos formales, y abríamos la de Xtract”, recuerda Tomás Marconi.
Los sábados por la mañana se reunían para discutir la estrategia y definir el rumbo de la empresa.
Los domingos por la noche tenían otra rutina: escribían personalmente a cada cliente para informarles cuántas facturas habían procesado durante la semana y cuánto tiempo administrativo les habían permitido ahorrar.
Todo se hacía manualmente.
La paradoja es evidente: antes de que el software automatizara procesos administrativos para empresas de más de 25 países, sus propios fundadores realizaban parte de ese trabajo a mano para demostrar el valor de su producto.
Xtract nunca levantó una ronda de inversión durante sus primeros años de operación. Tampoco sus fundadores realizaron un aporte significativo de capital propio para financiar el crecimiento.
La empresa se construyó a partir de un mecanismo mucho más simple: vender un producto y reinvertir lo que pagaban los clientes.
“Todo lo que somos hoy salió de lo que nos pagaron y nos siguen pagando los clientes”, resume Marconi.
En un ecosistema tecnológico donde muchas veces el éxito de una startup se mide por la cantidad de dinero obtenida de fondos de inversión, Xtract siguió otro camino.
La validación llegó directamente desde el mercado: empresas que contrataron la plataforma, comenzaron a utilizarla y continuaron pagando por el servicio.
Ese modelo permitió que la compañía creciera sin depender de una ronda externa hasta alcanzar una escala que ahora le permite sentarse a negociar desde una posición diferente.

El principal diferencial tecnológico de Xtract está en la precisión.
La plataforma utiliza un sistema especializado para leer y procesar facturas y comprobantes. Según la compañía, su tecnología alcanza un nivel de exactitud cercano al 98% y puede integrarse con más de 50 sistemas ERP.
Entre las plataformas compatibles se encuentran:
SAP
Oracle
NetSuite
Microsoft Dynamics
Otros sistemas de gestión empresarial
La diferencia con una inteligencia artificial genérica, según explican sus fundadores, es fundamental en un sector donde los errores administrativos pueden tener consecuencias financieras y contables.
“Una factura procesada por una IA genérica siempre va a necesitar que una persona la revise antes de cargarla al sistema, porque algo va a estar mal leído. En contabilidad no es posible registrar mal una factura, por eso construimos Xtract para que nadie tenga que volver a mirarla”, explica Marconi.
El desafío aparece en un punto central: un sistema que acierta el 95% de las veces puede parecer eficiente, pero si una persona debe revisar el 100% de los documentos para detectar el 5% restante, buena parte del trabajo administrativo sigue existiendo.
Por eso, la empresa apunta a automatizar el proceso con un nivel de precisión que permita reducir la intervención humana.
El impacto de la plataforma se mide principalmente en horas de trabajo administrativo.
Según datos compartidos por la compañía, un cliente promedio puede ahorrar alrededor de 250 horas mensuales gracias a la automatización del procesamiento de facturas.
En las cuentas de mayor volumen, el ahorro puede superar las 400 horas de trabajo por mes.
La propuesta apunta a resolver uno de los problemas más repetitivos de las grandes empresas: la carga, lectura, clasificación y registro de comprobantes que todavía, en muchos casos, requiere intervención manual.
El primer mercado internacional de Xtract fue Uruguay.
Después llegó la expansión hacia otros países de América Latina y, más adelante, a mercados como España y Estados Unidos.
Actualmente, la compañía tiene operaciones o clientes en más de 25 países, con una presencia especialmente fuerte en Brasil, México y Centroamérica.
Según la empresa, cerca del 40% de sus clientes se concentra actualmente en esa región.
El crecimiento también se refleja en su cartera de empresas.
Arcos Dorados, con una alianza que alcanza a más de 12 países.
Nike.
Deloitte.
Día.
Subway.
Modo.
Pomelo.
Pan American Energy.
Una alianza estratégica con Banco Galicia.
En total, Xtract trabaja con más de 300 empresas y procesa alrededor de un millón de facturas por mes.
El crecimiento comercial también obligó a ampliar el equipo.
Durante el último año, la compañía pasó de 15 a 36 personas.
La evolución de la facturación sigue una trayectoria similar:
US$ 1 millón de facturación en 2025.
Proyección de US$ 3 millones para 2026.
Objetivo de superar los US$ 7,5 millones en 2027.
Con la operación ya consolidada y una cartera internacional de clientes, la empresa decidió hacer algo que había evitado durante toda su historia: salir a buscar inversión externa.
Después de crecer sin levantar capital, Xtract prepara su primera ronda de inversión.
La compañía apunta a una pre Serie A de US$ 2,5 millones para acelerar su expansión y escalar la operación.
La diferencia con muchas startups que buscan financiamiento en etapas tempranas es el momento en el que llega la ronda.
La empresa ya cuenta con clientes, facturación, operaciones internacionales y un producto validado en el mercado.
Por eso, desde la compañía presentan esta búsqueda de capital no como una necesidad de supervivencia, sino como una herramienta para acelerar.
“Nos imaginamos como la infraestructura de automatización de referencia para las grandes empresas de todo el mundo”, explica Marconi sobre el objetivo de largo plazo.
La historia de Xtract no empezó con una gran ronda semilla ni con un fondo de inversión dispuesto a financiar el proyecto.
Empezó de otra manera.
Con tres fundadores que mantuvieron sus trabajos mientras construían una empresa por las noches.
Con reuniones los sábados por la mañana.
Con reportes escritos manualmente los domingos por la noche.
Y con clientes que, antes que cualquier inversor, estuvieron dispuestos a pagar por el producto.
Antes de que una startup consiga el respaldo de un fondo, primero necesita conseguir el respaldo del mercado.
En el caso de Xtract, ese respaldo llegó factura por factura, cliente por cliente y después de las seis de la tarde.
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