
El quería conectar cuidadores de perros con personas que necesitaban del servicio, varios desarrolladores le tiraron la idea abajo. Uno decidió ayudarlo, y dos días después estaban en un bar de Capital dibujando la plataforma. Arrancaron con 800 dólares y el día del lanzamiento ya tenían 15 cuidadores.
Antes que la plataforma, antes que el socio y antes que la idea, hubo unas vacaciones.
Brandon Cazorla tenía tres perros —Jack, Rex y Railey— y un viaje por delante. No sabía con quién dejarlos. Empezó a preguntar: familiares, conocidos, el círculo que uno recorre cuando necesita un favor importante. Hasta que apareció un amigo con tiempo.

Y acá está el detalle que después se convertiría en una empresa.
Brandon no se quedó tranquilo porque encontró a alguien. Se quedó tranquilo por cómo lo cuidó: el amigo estaba con los perros constantemente y le mandaba reportes.
Brandon tenía 25 años, trabajaba en el área de ingeniería de Volkswagen y vendía cosas por su cuenta: artículos, electrónica, ropa. Tenía la idea y sabía moverse en lo técnico, pero construir una plataforma entera él solo era otra cosa.
Necesitaba a alguien que se hiciera cargo de esa mitad con él.
Así que hizo lo que hace mucha gente y casi nunca sale bien: publicó la idea en un grupo de Facebook de desarrolladores, buscando un socio para el área técnica.
La respuesta mayoritaria fue la esperable. Varios desarrolladores del grupo le dijeron que no iba a funcionar.
Uno no.
Leandro Cotti tenía 26 años, vivía en Quilmes y desarrollaba software para empresas locales e internacionales. Leyó el mismo mensaje que los demás y, en lugar de sumarse a la fila de los que explicaban por qué no, contestó.
Dos días después estaban sentados en un bar de Capital, conociéndose en persona y bocetando la plataforma.
No hubo período de evaluación, ni plan a seis meses, ni “veamos cómo sigue”. Desde el primer día, cuentan, la decisión ya estaba tomada. Ese mismo día empezaron a diagramar y diseñar la app.
El proyecto, en ese momento, no se llamaba WooF!. Se llamaba Swipe Paws.
Es fácil leer esta historia como la de dos pibes improvisando. No lo es. Los dos llegaron a ese bar con recorrido.
Brandon había empezado a los 12 años. Entre esa edad y los 18 manejó varias cuentas de Instagram con miles de seguidores, hizo community management y vendió publicidad. También vendió productos por e-commerce y de manera presencial, en la calle. Trece años antes de WooF!, ya estaba aprendiendo a construir audiencia y a cerrar ventas.
Leandro llegaba con algo distinto, y más valioso: había fracasado.
Antes de WooF! desarrolló una aplicación de pedidos por código QR para restaurantes. No funcionó.
Esa asimetría —uno que sabe vender y otro que sabe construir, y que además ya sabe lo que se siente cuando algo no prende— es la que después explicaría por qué el equipo funcionó. Ellos mismos lo describen así: Leandro es muy técnico, hace realidad el proyecto; Brandon es más creativo en ideas y en encarar el proyecto con los clientes y el networking.

Con qué arrancaron: 800 dólares, salidos de ahorros y de trabajos en paralelo.
No levantaron inversión. No tuvieron socios además de ellos dos. Todo lo que WooF! es hoy se construyó con esa cifra y con horas.
Las horas fueron muchas. Entre septiembre de 2025 y junio de 2026 trabajaron casi todos los días, sosteniendo sus empleos formales en paralelo. Hubo jornadas de diez horas de trabajo sobre el proyecto, muchas de ellas terminando a las cinco de la mañana.
Consultados sobre si en algún momento dudaron o pensaron en dejarlo, la respuesta es corta: no. Dicen que siempre tuvieron y tienen la fe de que va a funcionar, y que entre los dos hay mucha química como equipo.
Una sola cosa cambió de plan en el camino, y no fue un fracaso sino una economía: habían hecho los diseños en Figma, y con la aparición de las herramientas de inteligencia artificial empezaron a ahorrarse buena parte de ese proceso.
En junio de 2026 lanzaron. Y ahí apareció el problema que hunde a la mayoría de las plataformas de este tipo, y del que casi nadie habla.
Una plataforma que conecta dos lados no sirve de nada hasta que los dos lados existen. Sin cuidadores no hay clientes que quieran entrar. Sin clientes, ningún cuidador tiene motivo para registrarse y pasar un proceso de verificación.
Lo resolvieron a mano, y otra vez con Facebook.
Armaron una landing page para que la gente pudiera ver la idea. Escribieron y recomendaron la plataforma en grupos de Facebook de cuidadores. Le mandaron mensajes privados, uno por uno, a cuidadores que se dedican a esto a tiempo completo, y a personas que pudieran estar interesadas en reservar. Sumaron Google Ads.
El día del lanzamiento tenían 15 cuidadores.
La primera cuidadora verificada de WooF! fue Ariadna Tepper. Y la primera reserva concretada llegó en los primeros días de junio: una mascota llamada Max, cuidada por ella misma.
Ariadna sigue en la plataforma. Ya lleva más de diez reservas.
La palabra “verificado” aparece en casi toda la comunicación de WooF!, y en la mayoría de las plataformas ese tipo de palabras no significa nada. Acá tiene un número detrás.
700 | 505 | 200 |
personas registradas para trabajar como cuidadores | pasaron el proceso de verificación | quedaron afuera |
El filtro empieza por lo obvio: cada cuidador tiene que subir su DNI y una foto de su rostro para validar que es quien dice ser. Quien no lo hace, no entra.
Pero el segundo filtro es el que importa. Cuando un perfil les resulta sospechoso, Brandon y Leandro le hacen una entrevista. Por videollamada. De quince minutos. Ellos dos, personalmente. Si el postulante no los convence —porque algo no cierra o porque no parece capacitado— lo rechazan.
Son dos personas revisando perfiles de a uno, en una plataforma con más de 1.300 usuarios registrados. Esa es, por ahora, toda la operación.
La pregunta incómoda en un negocio como este es qué pasa cuando algo sale mal. Es la que define si la confianza que venden es real o es una página de términos y condiciones.
Pasó una vez. Una mascota tuvo una reacción alérgica mientras estaba con su cuidador.
El cuidador la llevó a la veterinaria. Brandon y Leandro estuvieron en contacto con los dos lados durante todo el episodio, informándole al dueño el estado de su mascota, y activaron el seguro de WooF!, que cubre hasta 200.000 pesos.

Es la única vez que lo usaron.
No es un dato heroico ni una anécdota espectacular. Es, probablemente, la información más valiosa que puede dar una plataforma de cuidado de mascotas: que cuando pasó algo, respondieron.
505 cuidadores verificados, en más de 200 barrios y localidades de 11 provincias
700 personas registradas para trabajar como cuidadores, de las cuales 200 fueron rechazadas
1.300 usuarios en total, entre clientes, cuidadores y perfiles de mascotas
103 servicios completados
53 reseñas, las 53 de cinco estrellas
Ticket promedio por reserva: $70.000
Comisión de WooF!: 12% por reserva

La distribución geográfica se concentra en la Provincia de Buenos Aires (unos 270 cuidadores, entre el Gran Buenos Aires, La Plata y Mar del Plata), la Ciudad de Buenos Aires (más de 200, con Palermo, Caballito y Almagro a la cabeza) y Córdoba (más de 50, en 36 barrios y localidades que van del centro y Nueva Córdoba hasta Villa Allende, Mendiolaza y Capilla del Monte). También hay cuidadores verificados en Mendoza, Tucumán, Salta, Entre Ríos, Misiones y San Juan.

Entre julio y agosto de 2026, la cantidad de servicios completados por mes se cuadruplicó.
Y hay un dato que conviene leer al lado de todos los anteriores: en WooF! siguen trabajando solo ellos dos.

La plataforma opera en woofapp.com.ar. Quien necesita dejar a su perro o gato entra, ve los cuidadores cercanos, revisa perfiles y reseñas, y elige.
Hay dos servicios: alojamiento, donde la mascota pasa la noche y se cobra por noche, y guardería, con cuidado durante el día por hora. Y dos modalidades: en la casa del cuidador, o a domicilio, con el cuidador trasladándose al hogar del dueño.
Los mecanismos de confianza son cuatro, y responden uno por uno al problema original de Brandon:
Verificación de identidad, con DNI, selfie y entrevista cuando hace falta.
Reseñas reales: solo puede dejarlas quien efectivamente contrató el servicio.
Pago protegido: la reserva se solicita sin pagar. Cuando el cuidador acepta, el pago se hace dentro de la plataforma con Mercado Pago y queda retenido hasta que el servicio termina.
Cobertura veterinaria ante accidentes durante la estadía, hasta un tope.
El cuidado es el punto de partida, no el destino. La idea declarada es convertir a WooF! en un ecosistema: salud —con un historial clínico unificado de cada mascota—, alimentación, paseos, adiestramiento.
Lo concreto para los próximos meses es esto:
La app. Sale a fin de 2026.
La chapita QR. También a fin de año, con un precio estimado de entre 22.000 y 25.000 pesos. Es una placa identificatoria para perros y gatos: si la mascota se pierde, quien la encuentra escanea el código con el celular y puede contactar al dueño directamente.
Los paseadores. Es el próximo servicio que van a incorporar al ecosistema.
También están buscando inversión, pero con una estrategia que vale la pena señalar porque no es la más común: primero quieren acumular datos de reservas, ganancias, clientes y usuarios, para el año que viene poder demostrarle a un inversor que hay mercado. No están saliendo a levantar plata para descubrir si funciona. Están saliendo a levantar plata para acelerar algo que ya está funcionando.
El plan de expansión tiene dos etapas. Primero, cubrir todo el país: llegar con cuidadores verificados a las provincias donde todavía no tienen presencia. Después, salir de Argentina y desembarcar en el resto de Latinoamérica.
Vale la pena volver al principio.
Un chico de 25 años publicó una idea en un grupo de internet y pidió ayuda para llevarla adelante. La mayoría de la gente que entendía de tecnología le explicó por qué no iba a andar. Una persona, en vez de explicarle eso, le escribió.
Dos días después estaban diseñando juntos en un bar. Nueve meses después lanzaron con quince cuidadores y ochocientos dólares gastados. Tres meses después de eso tenían quinientos cinco.
Tenemos mucha fe en el proyecto. Queremos convertirnos en el primer ecosistema Pet Tech en Argentina y en Latinoamérica.
Brandon Cazorla y Leandro Cotti, fundadores de WooF!
Puede pasar o puede no pasar. Pero hay algo que ya está probado y que no depende de lo que venga: dos desconocidos construyeron una empresa cuyo negocio entero es lograr que los desconocidos puedan confiar entre sí.
Empezaron demostrándolo con ellos mismos.
Nota elaborada por Emprende Argentino sobre la base de información provista por WooF!.
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