
La calificadora S&P Global Ratings recortó su proyección de crecimiento para la Argentina y ubicó a toda la región latinoamericana en su peor expectativa del año: 1,8% para 2026, la mayor desaceleración desde la pandemia. El diagnóstico de fondo es puntual: los sectores exportadores tiran del carro, pero no alcanzan para compensar la debilidad de la industria y los servicios, los rubros que más empleo generan.
S&P recortó su proyección de crecimiento para la Argentina en 2026, de 2,7% (estimado en junio) a 2,2%.
En 2025, la economía argentina había crecido 4,5%, lo que confirma una fuerte desaceleración interanual.
Para toda América Latina, S&P proyecta una expansión de apenas 1,8% en 2026, frente al 2,3% de 2025; para 2027 espera una recuperación a 2%.
Chile sufrió el ajuste más severo de la región: su proyección para 2026 se recortó de 1,8% a apenas 0,7%, tras una contracción de 0,3% en el primer semestre.
Brasil mantuvo casi sin cambios su proyección: 1,9% en 2026 y 1,6% en 2027.
México y Perú, en cambio, recibieron revisiones al alza: 1,3% y 3,2% respectivamente para 2026.
Según el propio informe, el buen desempeño de la minería y el agro argentinos no alcanzó para compensar la debilidad de la industria manufacturera y los servicios.
El diagnóstico de S&P sobre la Argentina tiene una particularidad que lo distingue de otros recortes de calificadoras: no habla de una crisis generalizada, sino de una economía partida en dos velocidades. Según el informe, si bien los sectores minero y agrícola tuvieron un buen desempeño durante 2026, ese desempeño no fue suficiente para compensar la debilidad de sectores intensivos en mano de obra, como la industria manufacturera y los servicios.
Es, en esencia, el mismo diagnóstico de "economía de dos velocidades" que distintos economistas locales vienen señalando desde mediados de año: mientras la energía, la minería y el agro baten récords de producción y exportación, la actividad ligada al consumo interno y al empleo formal no logra despegar con la misma fuerza. La diferencia es que ahora ese diagnóstico aparece confirmado por una de las tres grandes calificadoras internacionales, en un informe que además tiene efectos concretos sobre cómo el mundo financiero percibe el riesgo de prestarle a la Argentina.
Pese al recorte, la proyección de S&P todavía ubica a la Argentina por encima del promedio regional: mientras el país pasa de 2,7% a 2,2% para 2026, el conjunto de América Latina se desacelera de 2,3% en 2025 a apenas 1,8% en 2026, la peor expectativa de crecimiento regional en varios años. Dentro de ese panorama, el ajuste más severo lo sufrió Chile, cuya proyección cayó de 1,8% a un magro 0,7%, tras una contracción de 0,3% registrada en el primer semestre del año, afectada por el alza de los precios de la energía sobre el consumo y la inflación.
Brasil, la mayor economía de la región, mantuvo prácticamente sin cambios su proyección (1,9% para 2026), sostenida por medidas fiscales que continúan respaldando la demanda interna, pese a que las tasas de interés reales se ubican en niveles récord. El informe de S&P remarca, además, que los precios de los combustibles y la fuerte demanda interna elevaron la inflación brasileña en los últimos meses, lo que dificulta que el banco central de ese país normalice sus tasas de interés; de hecho, S&P espera que Brasil mantenga la tasa Selic estable en 13,75% durante el resto de 2026, con recortes recién a partir de la segunda mitad de 2027.
En el otro extremo, México y Perú fueron los países con mejores revisiones dentro de la región: la calificadora elevó su proyección para México a 1,3% para 2026, tras un segundo trimestre más sólido de lo esperado, y para Perú a 3,2%, impulsado en gran medida por la inversión minera.
El ajuste de S&P se suma a una serie de revisiones similares de otros organismos internacionales durante septiembre de 2026. Apenas tres días antes, la OCDE había recortado su propia proyección de crecimiento para la Argentina, de 2,8% a 2,6% para 2026 y de 3,5% a 3% para 2027, en un informe que además advirtió sobre riesgos adicionales vinculados al conflicto en Medio Oriente y a posibles interrupciones en el suministro global de fertilizantes, que podrían presionar al alza los precios de los alimentos hacia fines de 2026 y durante 2027.
La combinación de ambos recortes —el de la OCDE y el de S&P— refuerza una tendencia que ya venía insinuándose en el debate sobre el propio Presupuesto 2027 del Gobierno argentino: mientras el equipo económico sostiene proyecciones más optimistas (crecimiento de 3% para 2026 y 4% para 2027), los organismos internacionales convergen, con matices, hacia estimaciones sensiblemente más conservadoras, en la zona del 2,2% al 2,6% para este año.
Más allá del número puntual de crecimiento, lo que distintos economistas remarcan sobre este tipo de informes es la composición sectorial que hay detrás. Un crecimiento económico explicado casi exclusivamente por sectores de capital intensivo —como la minería, la energía y, en menor medida, el agro— tiene, por su propia naturaleza, una capacidad limitada de generar empleo masivo o de derramar sobre el consumo de los hogares. Es la misma lógica que explica, en gran medida, por qué la mejora de los indicadores macroeconómicos de los últimos años no logró, hasta ahora, traducirse con la misma fuerza en una recuperación generalizada de la actividad y del empleo formal en sectores como la industria, la construcción o el comercio minorista.
¿Cuál es la proyección de crecimiento de S&P para Argentina en 2026? S&P recortó su proyección de crecimiento para la Argentina de 2,7% (estimado en junio) a 2,2% para 2026, frente al 4,5% de expansión registrado en 2025.
¿Cómo queda Argentina frente al resto de América Latina según S&P? Pese al recorte, Argentina proyecta un crecimiento superior al promedio regional (1,8% para 2026) y muy por encima de Chile, que fue ajustado a apenas 0,7%.
¿Por qué S&P recortó la proyección si el agro y la minería van bien? Porque, según el propio informe, el buen desempeño de esos sectores exportadores no alcanza para compensar la debilidad de la industria manufacturera y los servicios, dos rubros mucho más intensivos en mano de obra.
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