Diego Jaime jugó en San Lorenzo y en el exterior. En 2018 quedó libre, y con una plancha de cocina prestada armó un puesto en la calle. Así nació Morfi Burger.

El primer día fue un lunes. Diego Jaime vendió una caja de 40 hamburguesas y otra de 72 panchos. Las dos enteras.
Lo hizo en una plancha prestada, en la vereda del kiosco de su papá. Hasta hacía poco, había sido futbolista.
Diego tiene 40 años y es de Laferrere. Se formó en Almirante Brown y a los 13 San Lorenzo le compró el pase. Llegó a la Reserva del Ciclón, aunque nunca firmó un contrato profesional.
Después jugó en Ecuador, en Montenegro y en Bosnia, y su ficha llegó a valer 600.000 euros. Volvió al Ascenso argentino. Para su barrio, era el jugador que viajaba y jugaba en el exterior.
En 2018, después de cinco desgarros en un año, Deportivo Laferrere no le renovó el contrato. Tenía 32 años. «El fútbol es el único trabajo en el que no te pagan al día», resumió alguna vez.
Sin club y sin plata, decidió vender hamburguesas en la calle. No tenía con qué arrancar. Andrés, un proveedor, le prestó una plancha para cocinar y la mercadería, y le dio una semana para pagarle.
Faltaba el lugar. Su papá, Hugo, tenía un kiosco, y Diego le pidió armar el puesto en la vereda.
Hugo le dijo que siguiera entrenando. Que siguiera focalizado en el fútbol. «Seguramente él quería que siga luchando por mi sueño», dice hoy Diego.
Armó el puesto igual. Ese primer lunes vendió las 40 hamburguesas y los 72 panchos.
«Me comí varias gastadas», cuenta. «Yo era el jugador de fútbol del barrio, el que viajaba, el que jugaba en el exterior, y de un día para otro me veían haciendo hamburguesas en un puesto en la vereda».
Algunos le preguntaban «¿Y, no jugás más?». Otros, «¿Y, ya sale la hamburguesa?», mirándolo enojados porque tardaba el pedido.
¿Sintió vergüenza? «Sí, en algunos momentos tenés esas sensaciones», admite. «Pero siempre fui para adelante, porque quería salir adelante y dependía de mí. De comprometerme con lo que estaba haciendo y dar lo mejor. Y pensar que estaba haciendo algo para mí».
Mientras vendía hamburguesas en la vereda, Diego seguía entrenando con la idea de volver. Lo hizo hasta la pandemia.
Con el aislamiento, metió la plancha en el depósito de bebidas de su papá y empezó a tomar pedidos por WhatsApp. Cocinaba y repartía él. Pasó de diez pedidos a treinta. El delivery explotó.
«Vi que la vida y Dios me estaban dando otra oportunidad», cuenta. «Y me olvidé del fútbol por un tiempo y dediqué mis días, mi tiempo, a mi negocio. Gracias a Dios salió bien».

En abril de 2020 abrió el primer local, en Dorrego, González Catán. Le puso Morfi por el «¿llevo el morfi?» de cualquier charla entre amigos.
Ese local sigue siendo el único propio. Todo lo que vino después, creció con franquicias.

La primera experiencia como franquiciantes no fue perfecta, y Diego no lo esconde. Llegaron a Rosario, con muy buena repercusión del público, y abrieron dos franquicias en la ciudad. Hoy las dos están cerradas, y Morfi no tiene presencia en Rosario. Algunas otras franquicias también tuvieron que cerrar, por distintos motivos.
De esa experiencia sacaron aprendizajes concretos: elegir mejor el perfil del franquiciado y la ubicación de cada local, y analizar las situaciones que les convienen a los dos lados, al franquiciado y a la marca.
Con eso acaban de abrir la franquicia número 10, con un modelo nuevo: Morfi All in One, que suma Morfi Café, un salón de juegos para chicos, take away y el salón de Morfi Burger.

Le preguntamos cuál fue el momento más difícil de todo este recorrido. No habló de quedarse sin club, ni de las franquicias que cerraron.
Habló de Hugo. Su papá falleció hace tres años. «Un fenómeno mi viejo», dice. «Lo extraño muchísimo».
«No tenés tiempo para hacer duelo. Tenés que levantarte y seguir adelante, porque tenés una empresa, tenés compromisos, y la pelota sigue girando en un momento duro para una persona.»
Diego Jaime, fundador de Morfi Burger

Hay una revancha en esta historia, y llegó sin buscarla.
El club que en 2018 no le renovó el contrato hoy lleva Morfi en la camiseta. Morfi Burger es sponsor oficial de Deportivo Laferrere, desde la Reserva hasta la Novena división, y los socios tienen un 10% de descuento en la sucursal del barrio. «Me trataron de diez», cuenta.
Varios exjugadores lo llamaron para preguntarle cómo hizo. Uno se quedó: Damián Bogado, excompañero en Laferrere, hoy es parte de la marca.

Morfi Burger tiene 10 locales y 80 empleados, todos en la provincia de Buenos Aires: Laferrere, González Catán, Casanova, Virrey del Pino y Cañuelas. Diego está casado con Pamela y es papá de Santiago, de 7 años, y de Martina, de 3.
Le preguntamos qué le diría hoy al Diego que estaba en la vereda con la plancha prestada. Contestó esto:
«Que la disciplina y la constancia te llevan a lugares que jamás imaginaste. Seguí adelante.»
Diego Jaime, fundador de Morfi Burger
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