Ezequiel Gajer, Matías Esteves y Franco Ragusa crearon RivoLegal, una plataforma que reúne en un solo lugar todo lo que un abogado tenía repartido entre portales, agendas, planillas y WhatsApp. La construyeron escuchando dos veces: primero, para saber qué hacer; después, para saber qué arreglar.

Hay una lección que casi todos los emprendedores repiten y pocos practican: escuchar al cliente. La historia de RivoLegal es la de tres socios que la aplicaron dos veces, en dos momentos muy distintos, y que en las dos ocasiones cambiaron lo que estaban haciendo por lo que escucharon.
Ezequiel Gajer, Matías Esteves y Franco Ragusa se hicieron mejores amigos en tercer año de la secundaria, en la orientación de Informática de ORT Almagro. Aprendieron la base en el colegio, y mucho más haciendo. «Buscábamos cómo resolver algo, probábamos, rompíamos cosas y volvíamos a intentar», cuentan. «Los proyectos reales fueron la parte más importante del aprendizaje».
A los 15 cobraron su primer trabajo: un sitio web. Durante los años siguientes alternaron el colegio con reuniones, código y proyectos. «Era bastante caótico, pero también fue la forma en la que aprendimos a organizarnos y a trabajar juntos».
Así nació RivoSolutions, una firma de desarrollo de software a medida para empresas. Los clientes llegaban por recomendación. Y de esa etapa se llevaron algo que terminaría definiendo todo lo que vino después: «Ahí aprendimos que programar era solo una parte. Primero había que entender cómo trabajaba el cliente y dónde se le iba el tiempo».
Hoy tienen 19 años, viven en Capital Federal y siguen estudiando mientras hacen crecer la empresa. Ezequiel es el CEO y se ocupa de estrategia, ventas y marketing; Matías es el CFO, a cargo de finanzas, cobros y temas legales; Franco es COO y CTO, y lleva tecnología y producto.
Entre los clientes de RivoSolutions empezaron a aparecer estudios jurídicos. Y todos pedían, más o menos, lo mismo: traer los expedientes de los portales judiciales, ordenar los vencimientos, tener a los clientes y los documentos juntos, y usar inteligencia artificial sin tener que saltar de una herramienta a otra.
Cuando entraron a ver cómo trabajaba un estudio por dentro, lo que más los sorprendió fue la cantidad de cosas separadas. «Un abogado podía tener causas en un portal, vencimientos en una agenda, clientes en Excel, documentos en carpetas y conversaciones en WhatsApp», explican. «Mucho tiempo se iba en revisar y pasar información de un lado a otro».
No hubo una reunión que lo cambiara todo. Hubo una repetición.
«Cambiaba el estudio, pero volvían los expedientes, las alertas, los vencimientos, los documentos y la necesidad de tener todo conectado.»
Ezequiel Gajer, Matías Esteves y Franco Ragusa, fundadores de RivoLegal
Lo que vieron fue que estaban construyendo, una y otra vez, la misma base con pequeñas diferencias. En lugar de seguir empezando de cero con cada cliente, decidieron hacer un solo producto y mejorarlo con lo que aprendían de todos. Así nació RivoLegal.
El cambio, admiten, fue mucho más difícil de lo que parecía. Con los servicios podían resolver cada pedido de una forma distinta; con un producto tenían que elegir, priorizar y sostener algo que le sirviera a todos. Hubo momentos en que se preguntaron si lo estaban encarando bien. «Pero cada vez que volvíamos a hablar con estudios aparecía el mismo problema», cuentan. «Eso nos hacía ajustar el camino, no abandonar la idea».

RivoLegal es el lugar desde el que un estudio jurídico puede ordenar y automatizar su trabajo. Ahí conviven las causas, los clientes, los documentos, los vencimientos, la agenda, los honorarios y los pagos. Y se conecta con los portales judiciales —el PJN, la MEV de la provincia de Buenos Aires y el EJE—, para que el abogado no tenga que revisar y copiar todo a mano.
El ejemplo más claro es el de los expedientes. Antes, para saber si una causa se había movido, había que entrar a los distintos portales, abrirlas una por una, revisar si había novedades y anotarlas en otro lado. RivoLegal trae y actualiza esa información dentro del sistema, donde además se puede convertir en una tarea o en un vencimiento.


La diferencia con abrir cualquier chat de inteligencia artificial está en el contexto. «No recibe una pregunta suelta», explican. «Puede trabajar con el historial de la causa, sus documentos, movimientos y datos del abogado. Eso le da una base mucho más concreta que abrir un chat vacío y explicar todo desde cero».
Y sobre la preocupación más grande que tiene cualquier abogado con estas herramientas, son claros: «No presentamos la IA como algo infalible ni como reemplazo del abogado. Trabaja sobre la información de la causa y el profesional siempre tiene que revisar el resultado». En normativa y jurisprudencia, agregan, buscan que siempre se pueda volver a la fuente, para que nada se use a ciegas.

Con el producto andando, se entusiasmaron. Cada pedido nuevo era un módulo nuevo, y RivoLegal llegó a reunir muchísimas funciones.
Hasta que un cliente les dijo lo que no querían escuchar. Cuando les preguntamos por la crítica más dura que recibieron, la respuesta fue esta:
«Tener muchas funciones no sirve si el sistema se vuelve difícil de usar.»

Volvieron a escuchar. Entendieron que el valor no estaba en tener una lista extensa de funciones, sino en que causas, clientes, vencimientos, documentos, inteligencia artificial y administración funcionaran como un único sistema. «Desde entonces priorizamos conexión, claridad y uso cotidiano por encima de agregar funciones aisladas», explican.
Es la misma lección que habían aprendido en RivoSolutions, aplicada a su propio producto: entender dónde se le va el tiempo al cliente antes de construir.
Más de 150 estudios jurídicos de la Argentina usan RivoLegal. El núcleo de la empresa son los tres socios, que trabajan con colaboradores según lo que necesita cada proyecto.
No arrancaron con una gran inversión: construyeron el producto reinvirtiendo lo que habían generado con RivoSolutions, con desarrollo propio y contacto directo con los usuarios. Hoy evalúan inversión para acelerar, pero primero quisieron comprobar que el problema era real. Gran parte de lo que entra vuelve al producto, a las integraciones y a sumar clientes. «Hoy nos importa más construir una base sólida que mostrar una ganancia de corto plazo».
Crecen por recomendación entre abogados, marketing digital, un programa de afiliados y contenido: un newsletter, novedades y calculadoras. «Nos interesa que alguien pueda conocer RivoLegal porque encontró algo útil, no solamente porque vio un anuncio».
Al principio, algunos estudios desconfiaban: manejan información sensible y del otro lado había tres socios muy jóvenes. La respuesta que encontraron no fue un discurso. Fue mostrar el sistema funcionando.
Se imaginan a RivoLegal como el sistema operativo del estudio jurídico: lo primero que un abogado abre cuando empieza el día, para ver qué pasó en sus causas, qué vence, a qué cliente tiene que llamar, qué documento debe preparar y qué puede automatizar.
Primero quieren consolidarse en la Argentina. Después, llegar a otros países de habla hispana, aunque sin copiar y pegar: cada uno tiene sus propios portales, normas y formas de trabajo. Y a largo plazo, quieren que la plataforma también ayude al abogado a mantenerse actualizado, con novedades normativas explicadas, jurisprudencia, guías y alertas según su práctica.
Les preguntamos qué le dirían a alguien que quiere emprender. La respuesta resume esta historia mejor que cualquier conclusión:
«Que no espere el momento perfecto para empezar, pero que tampoco se enamore de una idea sin hablar con usuarios. La edad puede cerrar alguna puerta, pero un problema real, un producto que funciona y la capacidad de escuchar abren muchas más. Construir, mostrar, medir y corregir enseña más que intentar parecer una empresa perfecta desde el primer día.»
Ezequiel Gajer, Matías Esteves y Franco Ragusa, fundadores de RivoLegal
¿Te sirvió esta nota? Compartila con alguien que esté emprendiendo.

5 de octubre de 2026

16 de septiembre de 2026

15 de septiembre de 2026
Todavía no hay comentarios. Sé el primero en dejar uno.
Iniciá sesión para dejar un comentario.