Son pareja. Gaspar dejó su trabajo después de 18 años, Milagros emprendió estando embarazada. Lanzaron vayate.com tres días antes de que naciera su hijo.

A ella le dijeron que estaba loca por emprender embarazada, con un hijo de cuatro años en casa y otro en camino.
A él le dijeron que estaba loco por dejar un banco después de dieciocho años, en un lugar donde, según cuenta, nadie se iba antes de jubilarse.
Lo hicieron igual. Catorce meses después de lanzar, Vayate —la plataforma de alquiler temporario que fundaron Gaspar Barros y Milagros Allende— reúne más de 2.000 propiedades en todo el país y 18.000 viajeros registrados.
Esta es la historia de cómo llegaron hasta ahí.
Se conocieron en un boliche, cuando ella tenía 20 años y él 25. Hoy Gaspar tiene 42, Milagros 38, y viven en Palermo con sus dos hijos.
Sus carreras no podían ser más distintas.
Gaspar es economista y trabajó dieciocho años en el Banco Ciudad. De ahí le quedó una forma de trabajar ordenada, precisa, práctica.
Milagros estudió Historia del Arte y construyó su carrera entre el arte, la moda y el marketing. Fue directora de arte del Faena y productora del Faena Arts Center, gerenta de marketing de María Cher y tuvo su propia agencia creativa.

Nunca habían creado una empresa juntos desde cero. Pero la forma en que ellos mismos lo describen dice bastante: “Hace muchos años que somos socios sin serlo”. Siempre se consultaron todas las decisiones profesionales, y estuvieron metidos en los proyectos del otro.
Vivían en Villa Crespo y querían mudarse a algo más grande, en Palermo. El problema era el de siempre: cómo pagarlo.
Se les ocurrió una solución bastante poco convencional. Publicar su propio departamento en Airbnb y usar lo que entrara para pagar el alquiler del nuevo.

Funcionó.
Y entonces pasó algo que no habían planeado. Un conocido les ofreció su departamento para que se lo administraran. Después otro. Después un amigo del gimnasio, y un conocido de un conocido. Sin salir nunca a buscar propiedades —todas llegaron por recomendación, y siguen llegando—, de repente estaban administrando cerca de cincuenta.
Tuvieron que contratar gente y armar procesos. La oficina, que habían improvisado en un cuarto de la casa, se les llenó de gente entrando y saliendo a cualquier hora, y terminaron mudándose a una oficina de verdad.
Así pasaron diez años. Dentro del sistema. Conociéndolo mejor que nadie.
Una de las propiedades que administraban era una casa en Palermo para quince personas. Hacía más de tres años que la gestionaban, con un promedio de cinco estrellas. Era una propiedad única, y los huéspedes salían contentos.

Hasta que uno se quejó porque no había aire acondicionado en todos los cuartos, y le puso una estrella.
Airbnb dejó de mostrarla. Durante meses fue casi imposible alquilarla.
Ahí entendieron algo que venían sintiendo desde hacía tiempo: no podían seguir dependiendo únicamente de las plataformas.
La reseña fue el detonante, pero la frustración venía de antes. Las evaluaciones injustas. La atención al cliente que sigue un manual y no admite grises, cuando un alquiler es un arreglo entre dos partes lleno de matices. La sensación de que, con los años, las plataformas se inclinaban cada vez más hacia el lado de quien pagaba la comisión más alta. Y, sobre todo, la despersonalización.
“El huésped considera que le alquiló una plataforma y los reclamos se los hace a la plataforma”, explican. “Lo que no entiende es que la plataforma no es la que responde. Son los propietarios.”
Así surgió la idea: una plataforma donde propietario y viajero hablaran directo, sin comisiones en el medio, donde el dueño recibiera exactamente lo que paga el huésped.
La conversaron durante días. Esa misma semana se pusieron a trabajar.
Era enero de 2025. Milagros estaba embarazada de dos meses de su segundo hijo. Dante, el mayor, tenía cuatro años.
Se pusieron una meta: lanzar antes de que naciera el bebé.
Ahí empezaron a escuchar la palabra.
A Milagros le decían que estaba loca por sumarse más preocupaciones, más problemas, con un hijo chico y otro en camino. La pregunta se la hicieron muchas veces, con distintas palabras pero siempre la misma idea:
—¿Y si esperás a que nazca, tenés unos meses, y después empiezan?
Su respuesta fue siempre la misma.
“Teníamos clarísimo que las cosas hay que hacerlas cuando nace la idea. Mañana ya es tarde.”
Milagros Allende
Para dedicarse de lleno a Vayate, Gaspar dejó el banco. Perdía la estabilidad, los beneficios, todo lo que viene con un empleo de ese tipo después de casi dos décadas.
Y le dijeron lo mismo que a ella.
“Del banco nadie se iba antes de jubilarse”, recuerda.
Los meses siguientes tuvieron algo de carrera contra el reloj.
Iban a las reuniones con los programadores y la panza de Milagros crecía cada vez más. Al principio lo tomaban con humor: iban a terminar lanzando desde el sanatorio.
No estuvieron tan lejos.
“Al mismo tiempo que crecía Sixto dentro de mi panza, se iba gestando este otro hijo nuestro que es Vayate.”
Milagros Allende
Sixto se adelantó cuatro semanas. El lanzamiento, como casi todos los lanzamientos, se atrasó varias. Y las dos fechas terminaron casi pegadas: Vayate salió el 25 de julio de 2025, tres días antes de que naciera su hijo.
Milagros se acuerda de estar en el sanatorio hablando con los propietarios que estaban cargando sus propiedades en la plataforma.
Andate→Vayate
El nombre se lo puso Dante, sin saberlo.
Con cuatro años, en vez de decir “andate”, decía “vayate”. A sus padres les causaba mucha gracia.
Cuando llegó el momento de buscarle un nombre a la plataforma, pensaron miles. Ninguno los identificaba. Hasta que apareció ese.
No hubo ninguna duda.
Los primeros meses fueron como uno se los imagina, y a la vez no.
Milagros recuerda estar en el cuarto con Sixto recién nacido y escuchar a Gaspar del otro lado hablando con propietarios. Infinitos audios de WhatsApp. No había quien lo frenara.
Se turnaban todo: el trabajo, los chicos, la casa. Muchas siestas con Sixto encima, horarios de trabajo insólitos, cualquier hueco aprovechado.

Hay una escena que ella tiene muy presente. Eran las cinco de la mañana. Se había levantado a darle de comer a Sixto, la cabeza se le activó, y terminó sentada en el escritorio armando todo el plan de comunicación mientras el resto de la casa dormía.
Lo que no esperaban era la energía. “A diferencia de lo que uno creería, que íbamos a estar agotados, había una energía y una adrenalina que nos hacía ir para adelante.”
Eso no quiere decir que haya sido fácil. Cuando les preguntamos si alguna vez pensaron en abandonar, la respuesta fue de dos palabras:
Todos los días.
Hubo una decisión que no funcionó, y la cuentan sin vueltas.
Al principio tercerizaron la comunicación y la pauta. La agencia nunca terminó de entender el negocio ni de alinearse con lo que ellos buscaban. Cuando lo tomaron en sus propias manos, Vayate despegó, y el presupuesto empezó a usarse de forma inteligente.
Hoy la división de tareas es clara. Gaspar se ocupa del contacto directo: habla todos los días con cientos de propietarios y viajeros, responde cada consulta, contesta cada mensaje en redes. Milagros trabaja detrás de escena: el producto junto a los programadores, la comunicación, las redes, la pauta, las métricas.
“A veces chocamos en que trabajamos de formas distintas, venimos de distintos mundos profesionales”, reconocen. “Pero aprendimos a respetar las formas de trabajar de cada uno y a aprender del otro.”
Su agenda mezcla todo: reuniones, llevar a Dante al jardín, a Sixto al pediatra, organizar al equipo. Tratan de que las discusiones de trabajo no se trasladen a la casa. Admiten que a veces cuesta.
Vayate.com es una plataforma de alquiler temporario que conecta directamente a propietarios y viajeros. No cobra comisión sobre las reservas ni interviene en el pago.

La diferencia, para los dos lados, es concreta. Las plataformas tradicionales cobran entre un 15% y un 18% de comisión. Pero si a eso se le suma el costo financiero —pagar con tarjeta en el exterior, con dólar tarjeta, más lo que le cuesta al propietario ingresar la divisa al país—, la diferencia total puede llegar al 40%.
15–18%
De comisión cobran las plataformas tradicionales
40%
Puede llegar a ser la diferencia total, sumado el costo financiero
0%
De comisión sobre las reservas en Vayate
Todas las propiedades están verificadas: las que no quisieron hacer el proceso quedaron afuera. Los propietarios pueden sincronizar sus calendarios con otras plataformas e importar las reseñas que ya construyeron allá, para que el viajero conozca su recorrido.

Y no se presentan como un reemplazo.
“No queremos reemplazar ni a Airbnb ni a Booking”, aclaran. “Simplemente ofrecer un canal más, donde el viajero pague exactamente lo que recibe el dueño y el contacto sea directo.”
Hasta hoy, no hubo un solo problema serio entre un propietario y un viajero. Ellos mismos alquilan seguido a través de Vayate.
Lanzaron con 50 propiedades. Hoy son más de 2.000, y hay 18.000 viajeros registrados.
50
Propiedades el día del lanzamiento
+2.000
Propiedades hoy, en todo el país
18.000
Viajeros registrados
El miedo que tenían al principio —que la plataforma quedara vacía— no se cumplió nunca. Desde el primer día se sumaron propiedades todos los días, y cuando abrieron a los viajeros, siempre hubo tráfico. El crecimiento fue sostenido.
Hoy tienen presencia en todo el país, con cuatro destinos a la cabeza: la Ciudad de Buenos Aires y Mar del Plata, con unas 200 propiedades cada una; Villa Carlos Paz, con 130; y Bariloche, con 100.

Todo lo construyeron sin inversores, con recursos propios.
Ya no son solo ellos dos: al equipo se sumaron dos programadores y dos personas de atención al cliente. La app está en desarrollo, y para mediados de 2027 planean llegar a Uruguay, Chile y Paraguay.
Dentro de tres años se imaginan consolidados en la Argentina y en la región como la alternativa de contacto directo entre propietarios y viajeros.
“Si esperábamos el momento perfecto, Vayate no existiría.”
“Emprender nos encontró en un momento intenso de nuestras vidas: con trabajo, familia, hijos y muchísimas cosas pasando al mismo tiempo. Pero entendimos algo en el camino:”
“Nunca hay un momento perfecto para emprender. Ni tampoco para tener un hijo.”
Milagros Allende y Gaspar Barros, cofundadores de Vayate
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